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Historias de vida
Los proyectos en el Putumayo son de carne y hueso
Esta historia ha sido leída por 1440 personas - Publicada el 26/05/2010 04:09:59 p.m.

Rigo Alonso con un beneficiario de uno de los proyectos para el mejoramiento de vivienda. "Además de ser beneficiario, esta persona también es maestro de obra, por esa razón le propusimos continuar trabajando con nosotros en otros proyectos", explicó Rigo.  © IOM 2010 Para Rigo Alonso Velásquez trabajar en el Departamento de Putumayo es una tarea que requiere de mucha sensibilidad.  Rigo es ingeniero civil y trabaja como monitor de campo de la OIM desde hace más de cinco años.

El Putumayo es un departamento colombiano ubicado en la región amazónica, en la frontera con Ecuador y Perú, caracterizado por ser uno de los escenarios más crueles de la violencia generada por los grupos armados ilegales.

Aunque para muchas personas el sur de Colombia parezca una región olvidada y peligrosa, Rigo llegó buscando nuevas oportunidades laborales y, tal como él mismo lo expresa, descubrió que "es una región en la que está todo por hacer".

Rigo comparte su experiencia de trabajo en el Putumayo.
 
¿Qué tiene de especial el Putumayo?
 
"El Putumayo es un territorio mágico.  Ambientalmente, es riquísimo en agua, petróleo, fauna y flora.  Además, es una tierra promisoria donde hay muchas oportunidades y especialmente hay miles de cosas por hacer.
 
Pero el desarrollo social en el Putumayo marcha a pasos muy lentos, no hay tecnología, no hay grandes avances en infraestructura.  Además la gente se ha acostumbrado a vivir de las bonanzas: primero el caucho, luego el petróleo y finalmente la coca.  La gente necesita aprender oficios que les ayuden a sobrevivir en el largo plazo".
 
¿Cómo es el día a día como monitor de campo en el Putumayo?
 
"Empiezo el día a las 5:00 a.m. y le dedico un par de horas a la especialización a distancia que actualmente curso en Estudios Amazónicos.  A las 8:30, inicio mi trabajo como monitor de campo.  Algunas veces visito a las comunidades con las que trabajamos, otras veces atendiendo a las personas que nos visitan en nuestras oficinas en Mocoa (la ciudad principal de Putumayo).
 
La mayoría de la gente que busca a la OIM necesita apoyo.  En el caso de los desplazados y víctimas de la violencia, nos buscan para que les demos orientación con respecto a los procesos para la reclamación de sus derechos.  Hay personas que no saben leer ni escribir, mucho menos negociar con el Estado, por eso necesitan nuestro apoyo".
 
¿Qué momentos recuerdas cómo los más difíciles?
 
"Las situaciones donde hay dificultades de orden público son generalmente las de mayor tensión porque no se sabe lo que puede pasar.  Anteriormente era frecuente que miembros de grupos paramilitares nos preguntaran ¿Quiénes son ustedes? y ¿Qué hacen en la zona?  Ahora, para evitar cualquier conflicto con grupos armados, nosotros generalmente avisamos con tiempo a la comunidad que los vamos a visitar y así ellos divulgan el rumor.  También tratamos que la gente de la comunidad nos acompañe todo el tiempo, ellos nos dan reconocimiento y así evitamos problemas con los grupos armados".
 
¿Qué momentos recuerdas cómo los más gratificantes?
 
"Generalmente es una labor muy gratificante.  Pero recuerdo especialmente la primera vez que llegamos a una vereda cerca a Puerto Leguízamo (uno de los municipios más importantes de Putumayo) en dónde la gente tenía mucha curiosidad por acercarse a nosotros y conocernos.  Cuando les contamos que nuestra intención era ofrecerles un proyecto para mejorar la educación de los niños de la zona se pusieron muy contentos, y descubrimos que nunca antes habían recibido la vista de un organismo internacional.  Era la primera vez que alguien como nosotros llegaba a trabajar con ellos".
 
¿Qué crees que es importante que sepa el mundo sobre el trabajo que hacen ustedes en el Putumayo?
 
"Para nosotros es importante que nuestros compañeros de la OIM y que el mundo sepan que los proyectos en el Putumayo son de carne y hueso.  Nosotros vamos más allá de la cotidianidad del trabajo y vemos como se transforma la vida de la gente.
Es por eso que nuestro trabajo exige sensibilidad. Todos los días tenemos contacto con familias que reciben menos de un dólar al día, que tienen muchas necesidades y que trabajan duro para sobrevivir.  Por eso, para comprender a la gente y actuar para ayudarlos, tenemos que simpatizarnos con su situación.  Para hacer bien nuestro trabajo tenemos que sentarnos y compartir con la comunidad".
 
¿Cómo te ves en el futuro?
 
"Creo que todas las personas tenemos ciclos que cumplir y en algún momento tendré que dejar el trabajo de campo para viajar a aprender otro idioma y vivir en un país diferente un tiempo.  De esta forma podré aprender cosas nuevas y luego regresar y continuar aportando a mi país".
 
 

 

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